sábado, 31 de marzo de 2012

Disfrutar: El buscador


El buscador - Jorge bucay -

Esta es la historia de un hombre al que yo definiría como buscador
Un buscador  es alguien que busca.  No necesariamente es alguien que encuentra. Tampoco es alguien que  sabe lo que está buscando. Es simplemente para quien su vida es una búsqueda.

Un día un buscador sintió que debía ir hacia la ciudad de Kammir. Él había aprendido a hacer caso riguroso a esas sensaciones que venían de un lugar desconocido de sí mismo, así que dejó todo y partió. Después de dos días de marcha por los polvorientos caminos divisó  Kammir,  a  lo  lejos. Un  poco  antes de llegar al pueblo, una colina a la derecha del sendero le llamó la atención.

Estaba tapizada de un verde maravilloso y había un montón de árboles, pájaros y flores encantadoras. La rodeaba por completo una especie de valla pequeña de madera lustrada… Una portezuela de bronce lo  invitaba a entrar. De pronto sintió que olvidaba el pueblo y sucumbió ante la tentación de descansar por un momento en ese lugar. El buscador traspaso  el portal y empezó a caminar lentamente entre las piedras blancas que estaban distribuidas como al azar, entre los árboles. Dejó que sus ojos eran los de  un buscador, quizá por eso descubrió, sobre una de las piedras, aquella inscripción … “Abedul Tare, vivió 8 años, 6 meses, 2 semanas y 3 días”. Se sobrecogió un poco al darse cuenta de que esa piedra no era simplemente una piedra. Era una lápida, sintió pena al pensar que un niño de tan corta edad estaba enterrado en ese lugar… Mirando a su alrededor, el hombre se dio cuenta de que la piedra de al lado, también tenía una inscripción, se acercó a leerla  decía “Llamar  Kalib, vivió 5 años, 8 meses y 3 semanas”. El buscador se sintió terrible mente conmocionado. 

Este hermoso lugar, era un cementerio y cada piedra una lápida. Todas tenían inscripciones similares: un nombre y el tiempo de vida exacto del muerto, pero lo que lo contactó con el espanto, fue comprobar que, el que más tiempo había vivido, apenas sobrepasaba 11 años. Embargado por un dolor terrible, se sentó y se puso a llorar. El cuidador del cementerio pasaba por ahí y se acercó, lo miró llorar por un rato en silencio y luego le preguntó si lloraba por algún familiar.

- No ningún familiar – dijo el buscador - ¿Qué  pasa con este pueblo?, ¿Qué  cosa tan terrible hay en esta ciudad? ¿Por qué tantos niños muertos enterrados  en este lugar? ¿Cuál es la horrible maldición que pesa sobre esta gente, que lo   ha obligado a construir un cementerio de chicos?. 

El anciano sonrió y dijo: -Puede usted serenarse, no hay tal maldición, lo que  pasa es que aquí tenemos una vieja costumbre. Le contaré: cuando un joven  cumple 15 años, sus padres le regalan una libreta, como esta que tengo aquí,  colgando del cuello, y es tradición entre nosotros que, a partir de allí, cada vez  que uno disfruta intensamente de algo,  abre la libreta y anota en ella: a la  izquierda que fue lo disfrutado…, a la derecha, cuanto tiempo duró ese gozo:

 ¿Conoció a su novia y se enamoró de ella? ¿Cuánto tiempo duró esa pasión enorme y el placer de conocerla?…¿Una semana?, dos?, ¿tres semanas  y  media?… Y después… la emoción del primer beso, ¿cuánto duró?, ¿El minuto y  medio del beso?, ¿Dos días?, ¿Una semana? … ¿y el embarazo o el nacimiento  del primer hijo? …, ¿y el casamiento de los amigos…?, ¿y el viaje más  deseado…?, ¿y el encuentro con el hermano que vuelve de un país  lejano…?¿Cuánto duró el disfrutar de estas situaciones?… ¿horas?, ¿días?… Así  vamos anotando en la libreta cada momento, cuando alguien se muere, es nuestra costumbre abrir su libreta y sumar el tiempo de lo disfrutado, para  escribirlo sobre su tumba. Porque ese es, para nosotros, el único y verdadero  tiempo vivido.

viernes, 30 de marzo de 2012

Encuentro: "Juntos pero no atados"



Cuando una persona se ama, y se siente contenta y plena con la vida que lleva, reúne las condiciones ideales para que se produzca el encuentro con otro ser con características similares. Es el encuentro de dos personas equilibradas, maduras y con capacidad de construir un proyecto de pareja.

El encuentro suele suceder en momentos de especial armonía y equilibrio intimo, momentos en los que estamos haciendo lo que queremos hacer y gozamos con ello. Momentos en que no buscamos con desespero a otra persona, porque no la necesitamos para sentirnos bien.

Suele ocurrir cuando estamos especialmente atentos y sensibles a nosotros mismos y a nuestro entorno. Para encontrar al otro, debemos estar atentos y abiertos a nuestra propia realidad.

Jaume Soler y Merce Conangla
"Juntos pero no atados"

Encuentro: "El alquimista"


El encuentro.
Siempre existe en el mundo una persona que espera a otra, ya sea en medio del desierto o en medio de una gran ciudad. Y cuando estas personas se cruzan y sus ojos se encuentran, todo el pasado y futuro pierden completamente su importancia y solo existe aquel momento.

“El Alquimista” – Paulo Coelho

Confianza: El fuego, el agua y la confianza.


El fuego, el agua y la confianza caminaban por un bosque y conversaban sobre lo que harían si el azar viniera a separarlos. El fuego dijo:

-         Buscad el humo. Allí me encontrareis.
El agua dijo:
-          Buscad hierba verde y flores. Allí estaré.
La confianza dijo:
-          Mejor será que no me perdáis de vista, porque si lo hacéis es probable que nunca volváis a encontrarme.

Amable: Construirnos mas amables



Si queremos amor debemos construirnos mas amables, es decir mas fáciles de amar. Realmente hay personas difíciles de amar: nos pueden enamorar, nos pueden atraer, pero no se dejan amar, porque ellas mismas no se aman, y como consecuencia no saben dar ni aceptar amor, Construirnos mas amables es la base para construir relaciones de calidad.

Para ser amados, es necesario hacernos amables.

Jaume Soler y Merce Conangla " Juntos pero no atados"

Reciprocidad


La reciprocidad del amor:
Walter Riso - "Amar o depender"

La idea de un amor universal, indiscriminado e impersonal, que trasciende fronteras y se apodera de las parejas, me parece una mala importación oriental. Una traslación demasiado mecánica y ajena a lo que verdaderamente somos: humanos alborotados, coléricos hasta la médula, intensos y febriles. Krishnamurti decía que es más fácil querer a Dios que a un ser humano. Parecería que así es: con Dios vivimos pero no convivimos. La persona que queremos tiene nombre y apellido, seguro social y cédula de ciudadanía; además come, duerme, protesta, habla, demanda, abraza, llora, en fin, no es cuerpo glorioso: está viva.

… Los vínculos afectivos que establecemos con otros humanos siempre son personalizados. No queremos a los “juanes” desconocidos del universo conocido, sino a ese Juan o esa Juana en especial. No hay dos “juanes” o dos “juanas” iguales.

… Los lazos afectivos siempre pueden mejorarse y perfeccionarse, pero partiendo de lo que realmente somos, del amor habitual, contaminado y terrenal que se vive en el día a día. ... Las buenas parejas no vienen determinadas de fábrica. Hay que pulularlas en el trajín diario de esta vida, a fuerza de sudor, esfuerzo y muchas veces, de lágrimas.

… Mientras el amor universal no requiere de nada a cambio, el amor interpersonal necesita de correspondencia. Para que una relación afectiva sea gratificante, debe haber reciprocidad, es decir, intercambio equilibrado. El amor recíproco es aquel donde el bienestar no es privilegio de una de las partes, sino de ambas.

Es imposible convivir sanamente sin un equilibrio entre el “dar” y el “recibir”. Si una de las partes es mal dador, pero le gusta recibir afecto, es probable que estemos ante un avaro afectivo o un narcisista en potencia. Por el contrario, cuando la persona es una dadora de tiempo completo y no cree merecer afecto, la sumisión está presente. Para que la relación amorosa funcione, no debe haber desequilibrios muy marcados.

… Si somos sinceros, en el cuerpo a cuerpo, en la intimidad afectiva, bajo las sábanas, en las peleas, en los logros personales y en cada espacio de convivencia compartida siempre esperamos alguna equivalencia afectiva. No digo que haya que ser milimétrico y llevar contabilidades momento a momento. Lo que sostengo es que la desigualdad del intercambio acaba por destruir cualquier vínculo.

…Cuando se trata de aspectos esenciales, recibir se convierte en una cuestión de derechos y no en un culto al ego. Hay cosas primordiales a las cuales no podemos renunciar porque son imprescindibles para la supervivencia psicológica; y aunque no las hagamos explícitas, damos por sentado que deben existir para que la relación afectiva siga su curso. Si soy fiel, espero fidelidad; si soy honesto, espero honestidad; si soy cariñoso, espero ternura. De no ser así, no me interesa.

martes, 27 de marzo de 2012

Acompañamiento: No sufrir ni hacer sufrir



Para no sufrir, ni hacer sufrir a quien te acompaña en el amor...


Niégate a todo tipo de agresión. No conviertas tu relación en un campo de batalla. Puedes crear inmunidad a la violencia en cualquiera de sus formas. Sólo necesitas usar tres NO, negarte a tres cosas pase lo que pase. Puedes escribirlo y firmar con tu pareja el compromiso.


Me comprometo a:


* NO subestimar el dolor de mi pareja (ten compasión, métete en sus zapatos, camina con sus zapatos).
* NO agredir a mi pareja de ninguna manera, ni aprovecharme de sus debilidades (tener dulzura, delicadeza, etc.).
* NO fomentar la indiferencia afectiva, la frialdad, la falta de contacto físico o la ausencia de caricias (expresión de afecto positivo)

Walter riso- Ama y no sufras-